Las Mil y una noches - Directorio y Guía de los Mejores Colegios Privados y Universidades
LAS MIL Y UNA NOCHES
ANÓNIMOLAS MIL Y UNA NOCHESÍNDICEHistoria del Rey Schahriar y de su Hermano el Rey SchahzamanHistoria del Mercader y el EfritHistoria del Pescador y el EfritHistoria del Mandadero y de las Tres DoncellasHistoria de la Mujer Despedazada, de las Tres Manzanas y del Negro RihánHistoria del Visir Nureddin, de su Hermano el Visir Chamseddin y de Hassán BadreddinHistoria del Jorobado, con el Sastre, el Corredor Nazareno, el Intendente y el Médico Judío; lo que deello resultó, y sus aventuras sucesivamente referidasHistoria de Ghanem Ben-Ayub y de su Hermana FetnahHistoria de Sindbad el MarinoHistoria Prodigiosa de la Ciudad de BronceHistoria de Aladino y la Lámpara MágicaHistoria de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones¡AQUELLO QUE QUIERA ALAH!¡EN EL NOMBRE DE ALAHEL CLEMENTE,EL MISERICORDIOSO!QUE LAS LEYENDAS DE LOS ANTIGUOS SEAN UNA LECCIÓN PARA LOS MODERNOS, AFIN DE QUE EL HOMBRE APRENDA EN LOS SUCESOS QUE OCURREN A OTROS QUE NO SONÉL. ENTONCES RESPETARÁ Y COMPARARÁ CON ATENCIÓN LAS PALABRAS DE LOSPUEBLOS PASADOS Y LO QUE A ÉL LE OCURRA, Y SE REPRIMIRÁ.POR ESTO ¡GLORIA A QUIEN GUARDA A LOS RELATOS DE LOS PRIMEROS COMOLECCIÓN DEDICADA A LOS ÚLTIMOS!HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO EL REY SCHAHZAMANCuéntase -pero Alah es más sabio, mas prudente, más poderoso y más benéfico- que en lo que transcurrióen la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas dela India y de la China. Era dueño de ejércitos y señor de auxilliares de servidores y de un séquito numeroso.Tenía dos hijos, y ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor valía más aún que el menor. El mayor reinóen los países, gobernó con justicia entre los hombres, y por eso le querían los habitantes del país y del reino.Llamábase el rey Schahriar. Su hermano, llamado Schahzaman; era el rey de Samarcanda Al-Ajam.Siguiendo-las cosas el mismo curso, residieron cada uno en su país, y gobernaron con justicia a sus ovejasdurante veinte años. Y llegaron ambos hasta el límite del desarrollo y el florecimiento.No dejaron de ser así, hasta que el mayor sintió vehementes deseos de ver a su hermano. Entonces ordenóa su visir que partiese y volviese con él. El visir contestó: “Escucho y obedezco.”Partió, pues, y llegó felizmente par la gracia de Alah; entró en casa de Schahzaman, le transmitió la paz,le dijo que el rey Schahriar deseaba ardientemente verle, y que el objeto de su viaje era invitarle a visitar asu hermano. El rey Schahzaman contesto: “Escucho y obedezco.” Dispuso los preparativos de la partida,mandando sacar sus tiendas, sus camellos y sus mulos, y que saliesen sus servidores y sus auxiliares. Nombróa su visir gobernador del reino y salió en demanda de las comarcas de su hermano.Pero a media noche recordó una cosa que había olvidado; volvió a su palacio secretamente y se encaminóa los aposentos de su esposa a quien pensaba encontrar triste y llorando por su ausencia. Grande fue, pues,su sorpresa al hallarla departiendo con gran familiaridad con un negro, esclavo entre los esclavos. Al ver taldesacato, el mundo se obscureció ante sus ojos. Y se dijo: “Si ha sobrevenido ésto cuando apenas acabo deEste documento ha sido descargado dehttp://www.escolar.comdejar la ciudad. ¿Cuán sería la conducta de esta esposa si me ausentase algún tiempo para estar con mihermano?” Desenvainó inmediatamente el alfanje, y acometiendo a ambos, los dejó muertos sobre los tapicesdel lecho. Volvió a salir, sin perder una hora ni un instante, y ordenó la marcha de la comitiva. Y viajóde noche hasta avistar la ciudad de su hermano.Entonces éste se alegró de su proximidad, salió a su encuentro, y al recibirlo, le deseó la paz. Se regocijóhasta los mayores límites del contento, mandó adornar en honor suyo la ciudad y se puso a hablarle lleno deefusión. Pero el rey Schahzaman recordaba la fragilidad de su esposa, y una nube de tristeza le velaba lafaz. Su tez se había puesto pálida y su cuerpo se había debilitado. Al verle de tal modo, el rey Schahriarcreyó en su alma que aquello se debía a haberse alejado de su reino y de su país, lo dejaba estar sin preguntarlenada. Al fin, un día, le dijo: “Hermano, tu cuerpo enflaquece y su cara amarillea.” Y el otro respondió:“¡Ay, hermano, tengo en mi interior como una llaga en carne viva-!” Pero no le reveló lo que le habíaocurrido con su esposa. El rey Schahriar le dijo: “Quisiera que me acompañase a cazar a pie y a caballo,pues así tal vez se esparciera tu espíritu.” El rey Schalizaman no quiso aceptar y su hermano se fue solo a lacacería.Había en el palacio unas ventanas que daban al jardín, y habiéndose asomado a una de ellas el rey Schahzaman,vio corno se abría una puerta secreta para dar salida a veinte esclavas y veinte esclavos, entre loscuales, avanzaba la mujer del rey Schahciar en todo el esplendor de su belleza, y ocultándose para observarlo que hacían, pudo convencerse de que la misma desgracia de que él había sido víctima, la misma o mayor,cabía a su hermano el sultán.Al ver aquello, pensó el hermano del rey: “¡Por Alah! Más ligera es mi calamidad que esta otra.” Inmediatamente,dejando que se desvaneciese su aflicción, se dijo: “¡En verdad, esto es más enorme que cuantome ocurrió a mí!” Y desde aquel momento volvió a comer y beber cuanto pudo.A todo esto, el rey, su hermano, volvió de su excursión y ambos se desearon la paz íntimamente. Luegoel rey Schahriar observó que su hermano el rey Schalizaman acababa de recobrar el buen color, pues susemblante había adquirido nueva vida, y advirtió también que comía con toda su alma después de habersealimentada parcamente en las primeros días. Se asombró de ello, y dijo: -”Hermano, poco ha te veía amarillode tez v ahora has recuperado los colores. Cuéntame qué te pasa.” El rey le dijo: “Te contaré la causa demi anterior palidez, pero dispénsame de reterirte el motivo de haber recobrado los colores.” El rey replicó:“Para entendernos, relata primeramente la causa de tu pérdida de color y tu debilidad.” Y se explicó de estemodo: “Sabrás, hermano, que cuando enviaste tu visir para requerir mi presencia, hice mis preparativos demarcha, y salí de la ciudad. Pero después me acordé de la joya que te destinaba y que te di al llegar a tupalacio. Volví, pues, y encontré a mi mujer y a un esclavo negro departiendo con gran familiaridad. Losmaté a los dos, y vine hacia ti, muy atormentado por el recuerdo de tal aventura. Este fue el motivo de miprimera palidez y de mi enflaquecimiento. En cuanto a la causa de haber recobrada mi buen color, dispénsamede mencionarla.”Cuando su hermano oyó estas palabras, le dijo: “Por Alah te conjuro a que me cuentes la causa de haberrecobrado tus colores.” Entonces el rey Schalizaman le refirió cuanto había visto. Y el rey Schaliriar dijo:“Ante todo, es necesario que mis ojos vean semejante cosa.” Su hermano le respondió: “Finge que vas decaza, pera escóndete en mis aposentos, y serás testigo del espectáculo: tus ojos lo comprobarán.”Inmediatamente, el rey mandó que el pregonero divulgase la orden de -marcha. Los soldados salieron consus tiendas fuera de la ciudad. El rey marchó también, se ocultó en su tienda y dijo a sus jóvenes esclavos:“¡Que nadie entre!” Luego se disfrazó, salió a hurtadillas y se dirigió al palacio. Llegó a los aposentos de suhermano, y se asomó a la ventana que daba al jardín. Apenas había pasado una hora, cuando salieron lasesclavas, rodeando a su señora, y tras ellas los esclavos. E hicieron cuanto había contado Schahzaman.Cuando vio estas cosas el rey Schahriar, la razón se ausentó, de su cabeza, y dijo a su hermano: “Marchemospara saber cuál es nuestro destino en el camino de Alah, porque nada de común debemos tener conla realeza hasta encontrar a alguien que haya sufrido una aventura semejante a la nuestra. Si no, la muertesería preferible a nuestra vida.” Su hermano le contestó lo que era apropiado, y ambos salieron por unapuerta secreta del palacio. Y no cesaron de caminar día y noche, hasta que por fin llegaron a un árbol, enmedio de una solitaria pradera, junto al mar salado. En aquella pradera había un manantial de agua dulce.Bebieron de ella y se sentaron a descansar.Apenas había transcurrido una hora del día, cuando el mar empezó a agitarse. De pronto brotó de él unanegra columna de humo, que llegó hasta el cielo y se dirigió después hacia la pradera. Los reyes, asustados,se subieron a la cima del árbol, que era muy alto, y se pusieron a mirar lo que tal cosa pudiera ser. Y heaquí que la columna de humo se convirtió en un efrit de elevada estatura, poderoso de hombros y robustode pecho. Llevaba un arca sobre la cabeza. Puso el pie en el suelo, y se dirigió hacia el árbol y se sentó debajode él. Levantó entonces la tapa del arca, sacó de ella una caja, la abrió, y apareció en seguida una encantadorajoven, de espléndida hermosura, luminosa lo mismo que el sol, como dijo el poeta:¡Antorcha en las tinieblas, ella aparece y es el día! ¡Ella aparece y con su luz se iluminan las auroras!Este documento ha sido descargado dehttp://www.escolar.com¡Los soles irradiar con su claridad y las lunas con las sonrisas de sus ojos! ¡Que los velos de su misteriose rasguen, e inmediatamente las criaturas se prosternan encantadas a sus pies!¡Y ante los dulces relámpagos de su mirada, el rocío de las lágrimas de pasion humedece todos los párpados!Después que el efrit hubo contemplado a. la hermosa joven, le dijo: “¡Oh soberana de las sederías! ¡Ohtú, a quien rapté el mismo día de tu boda! Quisiera dormir un poco.” Y el efrit colocó la cabeza en las rodillasde la joven y se durmió.Entonces la joven levantó la cabeza hacia la copa del árbol y vio ocultos en las ramas a los dos reyes. Enseguida apartó de sus rodillas la cabeza del efrit, la puso en el suelo, y les dijo por señas: “Bajad, y no tengáismiedo de este efrit.” Por señas, le respondieron: “¡Por Alah sobre ti! ¡Dispénsanos de lance tan peligroso!”Ella les dijo: “¡Por Alah sobre vosotros! Bajad en seguida si no queréis que avise al efrit; que osdará la peor muerte.” Entonces, asustados, bajaron hasta donde estaba ella, la joven los tomó de las manos,se internó con ellos en el bosque y les exigió algo que no pudieron negarle. Una vez estuvieron cumplidossus deseos sacó del bolsillo un saquito y del saquito un collar compuesto de quinientas setenta sortijas consellos, y les pregunto “¿Sabéis lo que es esto?” Ellos contestaron: “No lo sabemos.” Entonces les explicó lajoven: “Los dueños de estos anillos hicieron lo mismo que vosotros junto a los cuernos insensibles de esteefrit. De suerte que me vais a dar vuestros anillos.” Lo hicieron así, sacándoselos de los dedos, y ella entoncesles dijo: “Sabed que este efrit me robó la noche de mi boda; me encerró en esa caja, metió la caja en elarca, le echó siete candados y la arrastró al fondo del mar, allí donde se combaten las olas. Pero no sabíaque cuando desea alguna cosa una mujer no hay quien la venza.” Ya lo dijo el poeta:¡Amigo: no te fíes de la mujer; ríete de sus promesas! ¡Su buen o mal humor depende de sus caprichos!¡Prodigan amor falso cuando la perfidia-las llena y forma como la trama de sus vestidos!¡Recuerda respetuosamente las palabras de Yusuf! ¡Y no olvides que Eblis hizo que expulsaran a Adánpor causa de la mujer!¡No te confíes, amigo! ¡Es inútil! ¡Mañana, en aquella que creas más segura, sucederá al amor puro unapasión loca!Y no digas: “¡Si me enamoro, evitaré las locuras de los enamorados!” ¡No lo digas! ¡Sería verdaderamenteun prodigio único ver salir a un hombre sano y salvo de la seducción de las mujeres!Los dos hermanos; al oír estas palabras, se maravillaron hasta mas no poder, y se dijeron uno a otro: “Siéste es un efrit, y a pesar de su poderío le han ocurrido cosas más enormes que a nosotros, esta aventura debeconsolarnos.” Inmediatamente se despidieron de la joven y regresaron cada uno a su ciudad.En cuanto el rey Schahriar entró en su palacio, mandó degollar a su esposa, así como a los esclavos y esclavas.Después persuadido de que no existía mujer alguna de cuya fidelidad pudiese estar seguro, resolviódesposarse cada noche con una y hacerla degollar apenas alborease el día, siguiente. Así estuvo haciendodurante tres años, y todo eran lamentos y voces de horror. Los hombres huían con las hijas que les quedaban.En esta situación, el rey mandó al visir que, como de costumbre, le trajese una joven. El visir, por másque buscó, no pudo encontrar ninguna, y regresó muy triste a su casa, con el alma transida de miedo ante elfuror del rey. Pero este visir tenía dos hijas de gran hermosura-, que poseían todos los encantos, todas lasperfecciones y eran de una delicadeza exquisita. La mayor se llamaba Schathrazada, y el nombre de la menorera Doniazada.La mayor; Schaltrazada, había leído los libros, los anales, las leyendas de los reyes antiguos y las historiasde los pueblos pasados. Dicen que poseía también mil libros de crónicas referentes a los pueblos de lasedades remotas, a los reyes de la antigüedad y sus poetas. Y era muy elocuente v daba gusto oírla.Al ver a su padre, le habló así: “Por qué te veo tan cambiado, soportando un peso abrumador de pesadumbresy aflicciones?... Sabe, padre, que el poeta dice: “¡Oh tú, que te apenas, consuélate! Nada es duradero,toda alegría se desvanece y todo pesar se olvida.”Cuando oyó estas palabras el visir; contó a su hija cuanto había ocurrido desde el principio al fin, concernienteal rey. Entonces le dijo Schahrazada: “Por Alah, padre, cásame con el rey, porque si no me mata seréla causa del rescate de las hijas de los musulmanes y podré salvarlas de entre las manos del rey.” Entoncesel visir contestó: “¡Por Alah sobre ti! No te expongas nunca a tal peligro.” Pero Schahrazada repuso: “Esimprescindible que así lo haga.” Entonces le dijo su padre: “Cuidado no te ocurra lo que les ocurrió al asnoy al buey con el labrador. Escucha su historia:FÁBULA DEL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOREste documento ha sido descargado dehttp://www.escolar.com“Has de saber, hija mía, que hubo un comerciante dueño de grandes riquezas y de mucho ganado. Estabacasado y con hijos. Alah, el Altísimo, le dio igualmente el conocimiento de los lenguajes de los animales yel canto de los pájaros. . Habitaba este comerciante en un país fértil, a orillas de un río. En su morada habíaun asno y un buey.Cierto día llegó el buey al lugar ocupado por el asno y vio aquel sitio barrido y regado. En el pesebre habíacebada y paja bien cribadas, y el jumento estaba echado, descansando. Cuando el amo lo montaba, erasólo para algún trayecto corto y por asunto urgente, y el asno volvía pronto a descansar. Ese día el comercianteoyó que el buey decía al pollino: “Come a gusto y que te sea sano, de provecho y de buena digestión.¡Yo estoy rendido y tú descansando, después de comer cebada bien cribada! Si el amo, te monta alguna queotra vez, pronto vuelve a traerte. En cambio yo me reviento arando y con el trabajo del molino.” El asno leaconsejo: “Cuando salgas al campo y te echen el yugo, túmbate y no te menees aunque te den de palos. Y site levantan, vuélvete a echar otra vez. Y si entonces te vuelven al establo y te ponen habas, no las comas,fíngete enfermo. Haz por no comer ni beber en unos días, y de ese modo descansarás de la fatiga del trabajo.”Pero el comerciante seguía presente, oyendo todo lo que hablaban.Se acercó el mayoral al buey para darle forraje y le vio comer muy poca cosa. Por la mañana, al llevarloal trabajo, lo encontró enfermo. Entonces el amo dijo al mayoral: “Coge al asno y que are todo el día en lugardel buey.” Y el hombre unció al asno en vez del buey y le hizo arar todo el día.Al anochecer, cuando el asno regresó al establo, el buey le dio las gracias por sus bondades, que le habíanproporcionado el descanso de todo el día; pero el asno no le contestó. Estaba muy arrepentido.Al otro día el asno estuvo arando también durante toda la jornada y regresó con el pescuezo desollado,rendido de fatiga. El buey, al verle en tal estado, le dio las gracias de nuevo y lo colmó de alabanzas. El asnole dijo: “Bien tranquilo estaba yo antes. Ya ves cómo me ha perjudicado el hacer beneficio a los demás.”Y en seguida añadió: “Voy a darte un buen consejo de todos modos. He oído decir al amo que te entregaránal matarife si no te levantas, y harán una cubierta para la mesa con tu piel. Te lo digo para que te salves,pues sentiría que te ocurriese algo.”El buey, cuando oyó estas palabras del asno, le dio las gracias nuevamente, y le dijo: “Mañana reanudarémi trabajo.” Y se puso a comer, se tragó todo el forraje y hasta lamio el recipiente con su lengua.Pero el amo les había oído hablar. En cuanto amaneció fue con su esposa hacia el establo de los bueyes ylas vacas, y se sentaron a la puerta.Vino el mayoral y sacó al buey, que en cuanto vio a su amo empezó amenear la cola, y a galopar en todas direcciones como si estuviese loco. Entonces le entró tal risa al comerciante,que se cayó de espaldas. Su mujer le preguntó: “¿De qué te ríes?” Y él dijo: “De una cosa que hevisto y oído; pero no la puedo descubrir porque me va en ello la vida.” La mujer insistió: “Pues has decontármela, aunque te cueste morir.” Y él dijo: “Me callo, porque temo a la muerte.” Ella repuso: “Entonceses que te ríes de mí.” Y desde aquel día no dejó de hostigarle tenazmente, hasta que le puso en una granperplejidad. Entonces el comerciante mandó llamar a sus hijos, así como al kadí y a unos testigos. Quisohacer testamento antes de revelar el secreto a su mujer, pues amaba a su esposa entrañablemente porque erala hija de su tío paterno, madre de sus hijos, y había vivido con ella ciento veinte años de su edad. Hizollamar también a todos los parientes de su esposa y a los habitantes del barrio y refirió a todos lo ocurrido,diciendo que moriría en cuanto revelase el secreto. Entonces toda la gente dijo a la mujer: “¡Por Alah sobreti! No te ocupes más del asunto; pues va a perecer tu marido, el padre de tus hijos.” Pera ella replico:“Aunque le cueste la vida no le dejaré en paz hasta que me haya dicho su secreto.” Entonces ya no le rogaronmás. El comerciante se apartó de ellos y se dirigió al estanque de la huerta para hacer sus abluciones yvolver inmediatamente a revelar su secreto y morir.Pero había allí un gallo lleno de vigor, capaz de dejar satisfechas a cincuenta gallinas, y junto a él hallábaseun perro. Y el comerciante oyó que el perro increpaba al gallo de este modo: “ ¿No te avergüenza elestar tan alegre cuando va a morir nuestro ama?” Y el gallo preguntó: “¿Por qué causa va a morir?”Entonces el perro contó toda la historia, y el gallo repuso: “¡Por Alah! Poco talento tiene nuestro amo.Cincuenta esposas tengo yo, y a todas sé manejármelas perfectamente, regañando a unas y contentando aotras. ¡En cambio, él sólo tiene una y no sabe entenderse. con ella! El medio es bien sencillo: bastaría concortar unas cuantas varas de morera, entrar en el camarín de su esposa y darle hasta que sucumbiera o searrepintiese. No volvería a importunarle con preguntas.” Así dijo el gallo, y cuando el comerciante oyó suspalabras se iluminó su razón, y resolvió dar una paliza a su mujer.El visir interrumpió aquí su relato para decir a su hija, Schahrazada: “Acaso el rey haga contigo lo que elcomerciante con su mujer.” Y Schahrazada preguntó: “¿Pero qué hizo?” Entonces el visir prosiguió de estemodo:“Entró el comerciante llevando ocultas las varas de morera, que ocababa de cortar, y llamó aparte a suesposa: “Ven a nuestro, gabinete para que te diga mi secreto.” La mujer le siguió; el comerciante se encerrócon ella y empezó a sacudirla varazos, hasta que ella acabó por decir: “¡Me arrepiento, me arrepiento!” YEste documento ha sido descargado dehttp://www.escolar.combesaba las manos y los pies de su marido. Estaba arrepentida de veras. Salieron entonces, y la concurrenciase alegró muchísimo, regocijándose también los parientes. Y todos vivieron muy felices hasta la muerte.”Dijo. Y cuando Schahrazada, hija del visir, hubo oído este relato, insistió nuevamente en su ruego: Padre,de todos modos quiero que hagas lo que te he pedido.” Entonces el visir, sin replicar nada, mandó que preparasenel ajuar de su hija, y marchó a comunicar la nueva al rey SchahríanMientras tanto, Schahrazada decía a su hermana Doniazada: “Te mandaré llamar cuando esté en el palacio,y así que llegues y veas que el rey ha terminado de hablar conmigo, me dirás: “Hermana, cuenta algunahistoria maravillosa que nos haga pasar la noche.” Entonces yo narraré cuentos que, si quiere Alah, serán lacausa de la emancipación de las hijas de los musulmanes.”Fue a buscarla después el visir, y se dirigió con ella hacia la morada del rey. El rey se alegró muchísimoal ver a Schahrazada, y preguntó a su padre: “¿Es ésta lo que yo necesito?” Y el visir dijo respetuosamente:“Sí, lo es.”Pero cuando el rey quiso acercarse a la joven, ésta se echó a llorar. Y el rey le dijo: “¿Qué te pasa?” Yella contestó: “¡Oh rey poderoso, tengo una hermanita, de la cual quisiera despedirme!” El rey mandó buscar-a la hermana, y vino Doniazada.Después empezaron a conversar Doniazada dijo entonces a Schahrazada: “¡Hermana, por Alah sobre ti!cuéntanos una historia que nos haga pasar la noche.” Y Schahrazada contestó: “De buena gana, y como undebido homenaje, si es que me lo permite este rey tan generoso, dotado de tan buenas maneras.” El rey, aloir estas palabras, como no tuviese ningún sueño, se prestó de buen grado a escuchar la narración de Schahrazada.Y Schahrazada, aquella primera noche, empezó su relato con la historia que sigue:PRIMERA NOCHEHISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRITSchahrazada dijo:“He llegado a saber, ¡oh rey, afortunado! que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosasriquezas y de negocios comerciales en todos los países.Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el calorera sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dátiles, ycuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estaturaque, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: “Levántate para que yo te mate como hasmatado a mi hijo.” El mercader repuso: “Pero ¿cómo he matado yo a tu hijo?” Y contestó el efrit: “Alarrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hilo y lo mataron.” Entonces dijo el mercader: “Considera ¡ohgran efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Tengo muchas riquezas, tengo hijos y esposa,y además guardo en mi casa depósitos que me confiaron. Permiteme volver para repartir lo de cadauno, y te vendré a buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que volveré en seguida atu lado. Y tú entonces harás de mí lo que quieras. Alah es fiador de mis palabras.”El efrit, teniendo confianza en él, dejó partir al mercader.Y el mercader volvió a su tierra, arregló sus asuntos, y dio a cada cual lo que le correspondía. Despuéscontó a su mujer y a sus hijos lo que le había ocurrido, y se echaron todos a llorar: los parientes, las mujeres,los hijos. Después el mercader hizo testamento y estuvo coa su familia hasta el fin del año. Al llegareste término se resolvió a partir, y tomando su sudario bajo el brazo, dijo adiós a sus parientes y vecinos yse fue muy contra su gusto. Los suyos se lamentaban, dando grandes gritos de dolor.En cuanto al mercader, siguió su camino hasta que llegó al jardín en cuestión, y el día en que llegó era elprimer día del año nuevo. Y mientras estaba sentado, llorando su desgracia, he aquí que un jeique se dirigióhacia él, llevando una gacela encadenada. Saludó al mercader, le deseó una vida próspera, y le dijo: “¿Porqué razón estás parado y solo en este lugar tan frecuentado por los efrits?”Entonces le contó el mercader lo que le había ocurrido con el efrit y la causa de haberse detenido enaquel sitio. Y el jeique dueño de la gacela se asombró grandemente, y dijo: “¡Por Alah! ¡oh hermano! tu fees una gran fe, y tu historia es tan prodigiosa, que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior de unojo, sería motivo de reflexión para el que sabe reflexionar respetuosamente.” Después, sentándose a su lado,prosiguió: “¡Por Alah! ¡oh mi hermano! no te dejaré hasta que veamos lo que te ocurre con el efrit.” Yallí se quedó, efectivamente, conversando con él, y hasta pudo ayudarle cuando se desmayó de terror, presade una aflicción muy honda y de crueles pensamientos. Seguía allí el dueño de la gacela, cuando llegó unsegundo jeique, que se dirigió a ellos con dos lebreles negros. Se acercó, les deseó la paz y les preguntó lacausa de haberse parado en aquel lugar frecuentado por los efrits. Entonces ellos le refirieron la historiadesde el principio hasta el fin. Y apenas se había sentado, cuando un tercer jeique se dirigió hacia ellos, llevandouna mula de color de estornino. Les deseó la paz y les preguntó por qué estaban sentados en aquelEste documento ha sido descargado dehttp://www.escolar.comsitio. Y los otros le contaron la historia desde el principio hasta el fin. Pero no es de ninguna utilidad el repetirla.A todo esto, se levantó un violento torbellino de polvo en el centro de aquella pradera. Descargó una tormenta,se disipó después el polvo y apareció el efrit con un alfanje muy afilado en una mano y brotándolechispas de los ojos. Se acercó al grupo, y dijo cogiendo al mercader: “Ven para que yo te mate como matastea aquel hijo mío, que era el aliento de mi vida y el fuego de mi corazón.” Entonces se echó a llorar elmercader, y los tres jeiques empezaron también a llorar, a. gemir y a suspirar.Pero el primero de ellos, el dueño de la gacela, acabó por tomar ánimos, y besando la mano del efrit, ledijo: “¡Oh efrit, jefe de los efrits y de su corona! Si te cuento lo que me ocurrió con esta gacela y te maravillami historia, ¿me recompensarás con el tercio de la sangre de este mercader?” Y el éfrit dijo: “Verdaderamenteque sí, venerable jeique. Si me cuentas la historia y yo la encuentro extraordinaria, te concederé eltercio de esa sangre.”CUENTO DEL PRIMER JEIQUEEl primer jeique dijo:“Sabe, ¡oh gran efrit! que esta gacela era la hija de mi tío, carne de nu carne y sangre de mi sangre.Cuando esta mujer era todavía muy joven, nos casamos, y vivimos juntos cerca de treinta años. Pero Alahno me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, qué, gracias a Alah, me dio un hijovarón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magníficos, sus cejas se juntaban y susmiembros eran perfectos. Creció poco a poco; hasta llegar a los quince años. En aquella época tuve quemarchar a una población lejana, donde reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.La hija de mi tío, o sea esta gacela, estaba iniciada desde su infancia en la brujería y el arte de los encantamientos.Con la ciencia de su magia transformó a mi hijo en ternerillo, y a su madre, la esclava, en unavaca, y los entregó al mayoral de nuestro ganado. Después de bastante tiempo, regresé del viaje; preguntépor mi hijo y por mi esclava, y la hija de mi tío me dijo: “Tu esclava ha muerto, y tu hijo se escapó y no sabemosde él.” Entonces, durante un año estuve bajo el peso de la aflicción de mi corazón y el llanto de misojos.Llegada la fiesta anual del día de los Sacrificios, ordené al mayoral que me reservara una de las mejoresvacas, y me trajo la más gorda de todas, que era mi esclava, encantada por esta gacela. Remangado mi brazo,levanté los faldones de la túnica, y ya me disponía al sacrificio, cuchillo en mano, cuando de pronta lavaca prorrumpió en lamentos y derramaba lágrimas abundantes. Entonces me detuve, y la entregué al mayoralpara que la sacrificase; pero al desollarla no se le encontró ni carne ni grasa, pues sólo tenía los huesosy el pellejo. Me arrepentí de haberla matado, pero ¿de qué servía ya él arrepentimiento? Se la di al mayoral,y le dije: “Tráeme un becerro bien gordo.” Y me trajo a mi hijo convertido en ternero.Cuando el ternero me vio, rompió la cuerda, se me acercó corriendo, y se revolcó a mis pies, pero ¡conqué lamentos! ¡con qué llantos! Entonces tuve piedad de él, y le dije al mayoral: “Tráeme otra vaca, y dejacon vida este ternero.”En este punto de su narración, vio Scháhrazada que iba a amanecer, y se calló discretamente, sin aprovecharsemás del permiso. Entonces su hermana Doniazada le dijo: “¡Oh hermana mía! ¡Cuán dulces y cuánsabrosas son tus palabras llenas de delicia!” Schahrazada contestó: “Pues nada son comparadas con lo queos podría contar la noche próxima, si vivo todavía y el rey quiere conservarme.” Y el rey dijo para sí: “¡PorAlah! No la mataré hasta que haya oído la continuación de su historia.”Luego marchó el rey a presidir su tribunal. Y vio llegar al visir, que llevaba debajo del brazo un sudario